¿Por qué no dejamos que los niños se aburran?

Caer en la “trampa de la actividad” y ofrecerles, constantemente, a los niños, alternativas y actividades para que ocupen su tiempo de ocio termina por ahogar su imaginación y no favorece que salgan del modo “piloto automático”

Los niños, hoy en día, manejan agendas casi tan apretadas como sus familias: colegio, deberes, actividades deportivas o musicales… Ese ritmo hace que estén habituados a entornos estimulantes que contribuyen a que puedan desarrollarse, tanto física como mentalmente… Pero hay momentos del día en que no saben en qué ocupar su tiempo libre y entonan la temida frase: ME ABURRO, que por supuesto no es una frase sin más, sino que viene acompañada de sensación de frustración, desconsuelo, enfado y mal humor.

Así nos encontramos con niños acostumbrados a estar hiperestimulados que no saben cómo gestionar los momentos de ocio que no están planificados desde fuera.

La familia, en un intento de atajar la situación, se responsabiliza de ella, toma el control y proporciona un abanico de ideas para que el pequeño se pueda “liberar” de esa sensación que no le gusta experimentar.

 En gran medida, el deseo de satisfacer las necesidades y de aliviar el malestar del pequeño, proviene del sentimiento de culpa que le genera a la familia el pasar poco tiempo con ellos, trabajando o demasiado cansados como para proporcionarles un tiempo juntos, de calidad.

Sin embargo, según numerosos especialistas y psicólogos infantiles, salir al rescate, lejos de ayudarles no contribuye a que el niño se pueda enriquecer con la experiencia, a que aprenda a relacionarse con la soledad y a que sea más autosuficiente.

Las nuevas tecnologías y los videojuegos son estímulos visuales y auditivos muy cómodos para cubrir esos momentos de ocio y, en su justa medida, son una alternativa a tener en cuenta, pero no dejan demasiado espacio para que el niño desarrolle su creatividad y su imaginación.

En los momentos en los que nos aburrimos, nuestro cerebro aprovecha para “soñar despierto”, para buscar alternativas ocurrentes a ese problema que parecía no poder solucionarse o a ingeniárselas para afrontar situaciones con los recursos que tenemos a nuestra disposición. Todo eso dispara nuestra IMAGINACIÓN.

Los expertos están de acuerdo en que se debe animar al niño a que aprenda a gestionar su tiempo libre animándole a que piense, a que invente sus propios juegos, a que encuentre alguna temática que despierte su interés: la lectura, las manualidades, el contacto con la Naturaleza etc…

 En definitiva, la idea es darle algunas pautas para que sean ellos mismos quienes descubran cómo quieren emplear su tiempo y no tanto en resolver y planificárselo…. Aprender que no hacer NADA, a veces, también es necesario y gratificante.

Así contribuimos a que comience a tomar conciencia de sus elecciones, a que valore su independencia, su autonomía, a que se motive y sea capaz de desarrollar su imaginación.

Por supuesto, un refuerzo positivo -“qué bien”, -“qué buena idea has tenido”, -“me encanta este nuevo juego que has creado”, contribuirán a afianzar su seguridad y a que les cueste menos tomar la iniciativa en otras ocasiones.

 

 

 

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