Párkinson: principales alteraciones psicoemocionales que se presentan

Solemos asociar los problemas de la enfermedad de Parkinson a síntomas motores (rigidez, lentitud de movimientos y temblores, entre otros).
Sin embargo, casi el 80% de los afectados sufre o ha sufrido, también, problemas emocionales, llegando a necesitar ayuda psicológica o psiquiátrica, en el 40% de los casos.

Cualquier tipo de enfermedad neurodegenerativa, como en este caso la enfermedad de Párkinson, desencadena, en quien la padece, una serie de alteraciones psicoemocionales, que pueden tener causas muy diversas.

La principal podría ser el hecho de padecer una enfermedad, a día de hoy sin cura, progresiva y con síntomas muy visibles y llamativos a los ojos de quienes les rodean, que a menudo pueden hacer sentir vergüenza e incomodidad a los enfermos y que deterioran su calidad de vida.

Otra de las causas de estas alteraciones vendría explicada por la degeneración de diferentes estructuras cerebrales (como el lóbulo frontal y el hipotálamo) y por los efectos secundarios que tiene la medicación anti-parkinsoniana.

Todo ello explica que los enfermos puedan sufrir, a lo largo de su proceso degenerativo, algunas de los siguientes alteraciones:

-Depresión: es el trastorno mental más frecuente entre los enfermos de Párkinson. Estos episodios vienen acompañados de bajo nivel de energía percibido, apatía, falta de interés y/o deseo sexual, visión pesimista del futuro o sensación de impotencia ante el avance de la enfermedad.

-Ansiedad: manifestándose en cuadros de angustia, inquietud, nerviosismo, reactividad emocional, dificultad para respirar con normalidad, taquicardia, tensiones musculares y dolores de cabeza. Debido a la reducción del nivel del bienestar del enfermo, suelen aparecer episodios de depresión acompañándola.

Estos episodios sólo empeoran los temblores y los problemas musculares, entrando en una espiral de la que no es fácil salir. Además algunos medicamentos como la selegilina,  apomorfina y ropirinol pueden producir efectos secundarios, aumentando esa sensación de ansiedad.

-Fobia social: Casi un 70% de los enfermos se encuentra incómodo en ambientes públicos, lo que hace que salgan menos de sus hogares y reduzcan su vida social con familiares, amigos o compañeros.

-Trastorno obsesivo-compulsivo: en este tipo de enfermos es más habitual que en la población general que aparezcan signos de comportamientos obsesivos o conductas rituales como mecanismos de defensa psicológica contra la inseguridad personal y la falta de control que ellos mismos perciben sobre sus vidas, aunque en otros casos se debe, simplemente, a alteraciones neurológicas.

-Hipocondría: o temor a que aparezcan enfermedades más limitantes para ellos o incluso, la muerte prematura.

-Psicosis: este tipo de alucinaciones, delirios y confusiones mentales suelen deberse a efectos secundarios de la medicación

 La propia diversidad de las causas de todas estas alteraciones hace que el tratamiento para cada paciente deba ser individualizado y particular, pudiendo optarse por la medicación, el acompañamiento psicoterapéutico o entrenamientos cerebrales como el Neurofeedback, entre otros…

Lo fundamental en estos casos es que apenas la persona, o su entorno más cercano, tengan la mínima sospecha o de alguna de estas manifestaciones acuda a un profesional sanitario para determinar cuál es el mejor camino a seguir en su caso.

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